Luis Taboada, director de GELFISH: “El proyecto responde a la necesidad de reducir los descartes, mejorar el aprovechamiento de las capturas y avanzar hacia una gestión más sostenible de los recursos marinos”
El Instituto de Investigacións Marinas (IIM-CSIC) ha trabajado en la ejecución del proyecto GELFISH, “que nació del diálogo con la flota artesanal de cerco de Portosín (A Coruña) y de su preocupación por cómo dar salida a capturas que, por distintos motivos no podían ir a lonja”, explica su director, Luis Taboada. La iniciativa se ha centrado en valorizar los descartes de pesca, obteniendo oleogeles del aceite de pescado. “Proyectos como GELFISH ayudan a tender puentes entre el conocimiento científico y la práctica pesquera, demostrando que sostenibilidad ambiental y viabilidad económica son compatibles y pueden reforzarse mutuamente”, apunta Taboada.
¿Por qué decidisteis apostar por la valorización del aceite de pescado mediante la obtención de oleogeles como objetivo del proyecto? ¿Qué usos pueden tener esos oleogeles?
En base a los años de experiencia que todo el equipo de GELFISH (tanto en el IIM-CSIC como en la Universidade de Santiago de Compostela) tiene en el campo de la valorización de descartes de la pesca y subproductos de la industria procesadora de pescado, vimos muy claro que era una forma realista y eficaz de dar un salto en el aprovechamiento de recursos que hoy en día están infrautilizados o directamente descartados. El aceite de pescado, especialmente el procedente de especies pelágicas capturadas por la flota artesanal, es un ingrediente de altísimo valor nutricional (rico en ácidos grasos omega-3 como el EPA y el DHA), pero tiene limitaciones importantes para su uso directo: es muy sensible a la oxidación y a la rancidez, difícil de manejar a nivel tecnológico y poco versátil para incorporarlo a productos alimentarios habituales. Mucha gente se acordará de que cuando eran pequeños se les daba a los niños aceite de hígado de bacalao para que estuvieran sanos y fuerte, y la verdad es que no sabía muy bien.
Pues bien, los oleogeles nos permiten resolver buena parte de estos problemas. Al estructurar el aceite en forma de un “gel blando”, conseguimos mantener sus propiedades saludables, mejorar su estabilidad frente a la oxidación y transformarlo en un formato mucho más fácil de usar por parte de la industria alimentaria. Además, el proceso que desarrollamos en GELFISH se basa en condiciones suaves, a temperatura ambiente y con tiempos cortos, lo que ayuda a conservar intacta la calidad nutricional del aceite.
Otro motivo clave para elegir esta vía es que encaja perfectamente con la filosofía de economía circular y cero residuos del proyecto. Los oleogeles se obtienen a partir de aceites extraídos de biomasa que antes se descartaba o que hemos comprobado que tiene muy poco valor comercial para la flota artesanal de cerco (como la boga y el estornino o cabalón), y se pueden integrar en procesos más amplios de biorrefinería marina, donde también se generan otros productos de interés, como proteínas o pastas de pescado (el conocido como mince).
En cuanto a los usos, los oleogeles tienen un abanico muy amplio. En el ámbito alimentario pueden emplearse como ingredientes saludables en conservas de pescado, preparados listos para consumir, productos reformulados con menos grasas saturadas o, incluso, en nuevas elaboraciones gastronómicas. También tienen potencial en el campo nutracéutico y funcional, como soporte para ingredientes bioactivos. En resumen, son una herramienta muy versátil que nos permite convertir un aceite difícil de manejar en un ingrediente estable, saludable y con múltiples aplicaciones, generando valor añadido tanto para la industria como para las comunidades pesqueras costeras.
Habéis trabajado estrechamente con la Cofradía de Pescadores de Portosín. ¿Cómo se han implicado en la iniciativa?
La implicación de la Cofradía de Pescadores de Portosín ha sido clave desde el primer momento y, sinceramente, uno de los grandes valores del proyecto. No han sido sólo un caso de estudio, sino un socio activo que ha participado desde la concepción misma de la idea hasta su desarrollo práctico. La iniciativa de GELFISH nace precisamente del diálogo con la flota artesanal de cerco de Portosín y de su preocupación por cómo dar salida a capturas que, por distintos motivos (daños, talla, bajo valor comercial o falta de cuota) no podían ir a lonja. Su conocimiento directo de la realidad diaria de la pesca fue fundamental para identificar qué especies tenían mayor potencial de valorización y qué volúmenes eran realmente manejables en un contexto realista, lejos de planteamientos teóricos poco aplicables.
Durante la ejecución del proyecto, la Cofradía se ha implicado activamente aportando datos, experiencia y criterio práctico. Nos han ayudado a cuantificar los descartes, a validar nuestras estimaciones técnicas y a contrastar si las soluciones que proponíamos tenían sentido desde el punto de vista operativo y económico. Este intercambio continuo ha permitido ajustar el proyecto a la realidad de la flota artesanal, asegurando que los resultados sean útiles y transferibles.
Además, su papel como nexo con el territorio y con el propio sector pesquero ha sido esencial. La Cofradía ha contribuido a difundir los objetivos del proyecto, a participar en reuniones, jornadas y encuentros y a visualizar el potencial de los oleogeles como una oportunidad para generar nuevas cadenas de valor vinculadas al pescado de la flota local. Y ahora, en el tramo final del proyecto, con más intensidad si cabe. Por tanto, se puede decir que Portosín no sólo ha sido el origen de la materia prima, sino también el motor que ha dado sentido práctico a GELFISH, demostrando que la innovación funciona mejor cuando se construye mano a mano con quienes viven el mar cada día.
¿Son conscientes los y las profesionales del mar de la importancia de aprovechar la biomasa y reducir el impacto de la pesca sobre el medio marino?
Sí, claramente. Nuestra experiencia en el proyecto nos ha demostrado que los y las profesionales del mar son muy conscientes de la importancia de aprovechar mejor la biomasa y de reducir el impacto de la actividad pesquera sobre el medio marino. De hecho, esta sensibilidad no es algo nuevo: forma parte del ADN de muchas flotas pesqueras, incluidas las artesanales, que llevan generaciones trabajando con una relación muy estrecha y respetuosa con el entorno del que dependen y con los que los científicos del IIM-CSIC llevamos trabajando durante casi dos décadas en este ámbito de la valorización. En el caso concreto de la flota artesanal de cerco de Portosín, nos hemos encontrado con un sector muy comprometido con la sostenibilidad y en buscar nuevas cadenas de valor dentro de su marca Azul de Portosín. Utilizan artes selectivas, generan niveles muy bajos de descartes y son plenamente conscientes de que cada recurso desaprovechado es una oportunidad perdida, tanto desde el punto de vista ambiental como económico. Lo que muchas veces falta no es voluntad, sino herramientas prácticas y viables que permitan transformar ese compromiso en soluciones reales.
A lo largo del proyecto hemos comprobado que, cuando se les presentan alternativas claras de generar valor a partir de fracciones no utilizadas, la respuesta del sector es muy positiva. Existe un interés real por avanzar hacia modelos de pesca más circulares, donde se aproveche mejor todo lo que se captura y se minimicen los residuos. En este sentido, proyectos como GELFISH ayudan a tender puentes entre el conocimiento científico y la práctica pesquera, demostrando que sostenibilidad ambiental y viabilidad económica no solo son compatibles, sino que pueden reforzarse mutuamente.
¿De qué manera se alinea GELFISH con los objetivos de la Política Pesquera Común (PPC)?
GELFISH aborda algunos de los retos más complejos de la Política Pesquera Común desde una perspectiva práctica, aplicada y pensada para la pesca artesanal. En particular, el proyecto responde a la necesidad de reducir los descartes, mejorar el aprovechamiento de las capturas y avanzar hacia una gestión más sostenible de los recursos marinos.
Uno de los pilares de la PPC es la obligación de desembarque, cuyo cumplimiento sigue siendo un desafío para muchas flotas. Desde GELFISH no nos limitamos a señalar el problema, sino que proponemos una solución concreta: transformar biomasa que antes se descartaba o tenía muy poco valor comercial en productos de alto valor añadido, como los oleogeles marinos. De este modo, el proyecto ayuda a convertir una obligación normativa en una oportunidad económica real para el sector.
Además, GELFISH encaja plenamente con el enfoque de la PPC de compatibilizar sostenibilidad ambiental y rentabilidad económica. Al trabajar con flotas artesanales y selectivas, como la de cerco de Portosín, el proyecto refuerza modelos de pesca que ya tienen un bajo impacto ambiental y los dota de nuevas herramientas para mejorar su resiliencia económica. Esto es especialmente importante en un contexto de cuotas limitadas, descenso del consumo y falta de relevo generacional.
Por último, la PPC también apuesta por la innovación, la colaboración entre ciencia y sector pesquero y el desarrollo de la economía azul. GELFISH se construye precisamente sobre esa colaboración, integrando conocimiento científico, tecnología de procesado y saber hacer del sector para desarrollar cadenas de valor más circulares, eficientes y sostenibles. En ese sentido, el proyecto no sólo se alinea con la Política Pesquera Común, sino que aspira a ser un ejemplo práctico de cómo llevarla a la realidad cotidiana de la pesca artesanal.
¿Cómo ha contribuido el proyecto a la sostenibilidad pesquera y a la generación de empleo?
Creo que en GELFISH hemos abordado la sostenibilidad pesquera y a la generación de empleo desde un enfoque muy práctico, centrado en aprovechar mejor los recursos que ya se están extrayendo del mar y en reforzar la viabilidad económica de la pesca artesanal a medio y largo plazo.
En términos de sostenibilidad, el principal aporte del proyecto es que propone una valorización integral de la biomasa, especialmente de áquella que antes se descartaba o se destinaba a usos de muy bajo valor (principalmente cebo/carnada para la actividad pesquera). Al transformar estas capturas, por ejemplo, en aceites de pescado y, posteriormente, en oleogeles de alto valor añadido, se reduce el desperdicio de recursos marinos y se avanza hacia modelos de pesca más circulares y eficientes. Esto permite disminuir el impacto ambiental asociado a la actividad pesquera sin aumentar el esfuerzo pesquero, algo totalmente alineado con los principios de la gestión sostenible.
Desde el punto de vista socioeconómico, GELFISH abre la puerta a la creación de nuevas cadenas de valor vinculadas al sector pesquero y transformador. La producción de oleogeles y de otros coproductos asociados requiere actividades de procesado, control de calidad, logística y comercialización, lo que genera oportunidades de empleo más allá de la captura, especialmente en el ámbito local y costero. Esto es clave para diversificar la economía de las comunidades pesqueras y reducir su dependencia exclusiva de la venta de pescado en fresco. De esta forma, GELFISH no sólo contribuye a hacer la pesca más sostenible desde el punto de vista ambiental, sino que también ayuda a construir un sector más resiliente, innovador e inclusivo, capaz de generar empleo de calidad y de adaptarse mejor a los retos futuros.
De todas las actividades contempladas en la iniciativa, ¿cuáles han sido las más difíciles de llevar a cabo?
En primer lugar, no ha sido sencillo cuantificar y caracterizar la biomasa disponible procedente de descartes y subproductos. En las flotas artesanales, y especialmente en el cerco, los niveles de descarte son bajos y muy variables, y, además, existe poca información sistematizada dado que el nivel de digitalización de esta flota es muy bajo, faltando datos robustos y sistemáticos en el tiempo. Aquí el trabajo conjunto con la Cofradía de Portosín ha sido fundamental, pero aun así ha requerido mucho esfuerzo de recopilación de datos, contraste con la experiencia de los pescadores y validación técnica para obtener cifras realistas sobre las que construir el proyecto.
Otra de las partes más exigentes ha sido el desarrollo y optimización del proceso de obtención de oleogeles. Trabajamos con aceites muy ricos en ácidos grasos poliinsaturados, que son extremadamente sensibles a la oxidación, y el reto ha sido estructurarlos sin perder calidad nutricional. Ajustar formulaciones, condiciones de procesado y métodos de secado a escala piloto ha requerido tiempo, ensayo y un enfoque muy cuidadoso para garantizar estabilidad, funcionalidad y viabilidad industrial de estos productos, con el objetivo de ser empleados por la industria alimentaria.
Por último, el análisis tecno-económico y ambiental también ha sido especialmente complejo. Evaluar si una cadena de valorización como la que propone GELFISH puede ser sostenible,no sólo desde el punto de vista ambiental, sino también rentable para pequeñas y medianas empresas del sector, implica integrar muchos factores: disponibilidad de materia prima, consumo energético, costes, impactos ambientales y beneficios sociales. Es un trabajo menos visible, pero clave para que los resultados del proyecto no se queden en el ámbito científico y puedan convertirse en una alternativa real para el sector pesquero artesanal.
En conjunto, han sido retos importantes, pero también los más enriquecedores, porque son los que realmente marcan la diferencia entre investigar y generar soluciones aplicables.
Habéis realizado un análisis tecno-económico y ambiental de todo el proceso, cuantificando su circularidad. ¿Cuáles son los principales resultados de ese análisis?
Creemos que los resultados de este análisis son muy positivos en términos de circularidad. El proceso para obtener oleogeles es relativamente sencillo, ya que utiliza equipos y tecnologías habituales en la industria alimentaria. Además, la materia prima procede de descartes de la pesca artesanal y, sobre todo, de subproductos generados por la industria transformadora asociada a la Cofradía de Portosín, lo que hace que, desde el inicio, el grado de circularidad sea elevado.
Desde el punto de vista ambiental, se trata de un proceso prácticamente de residuo cero. No se emplean productos químicos agresivos, no se generan efluentes líquidos y el principal impacto ambiental está asociado al consumo energético de la etapa de secado necesaria para obtener el oleogel. Aun así, este aspecto puede resolverse con relativa facilidad mediante el uso de energías renovables o el aprovechamiento de energía residual (por ejemplo, a través de bombas de calor), especialmente teniendo en cuenta que hablamos de un proceso a pequeña o media escala.
En el análisis tecno-económico hemos llegado a dos conclusiones clave. Por un lado, la cantidad de descartes procedentes directamente de la pesca artesanal es limitada, lo que es algo positivo desde el punto de vista de la sostenibilidad del recurso, pero esta limitación se compensa ampliamente con los subproductos generados por la industria procesadora asociada, como ocurre en la transformación de sardina o caballa. Estos subproductos permiten asegurar una disponibilidad de materia prima suficiente para que el proceso sea viable.
Por otro lado, para que la producción de oleogeles sea realmente rentable es fundamental aprovechar de forma integral todos los subproductos generados. Esto implica valorizar distintas fracciones, por ejemplo, mediante la obtención de hidrolizados proteicos con propiedades bioactivas, siguiendo una estrategia de biorrefinería alineada con los principios de la bioeconomía circular.
En este sentido, uno de los aprendizajes más importantes de GELFISH es la necesidad de profundizar en las distintas rutas de valorización adaptadas específicamente a las cofradías vinculadas a la pesca artesanal, que tienen un perfil de capturas muy diferente al de otros modelos de pesca, como el arrastre. Esto abre una oportunidad clara para desarrollar soluciones a medida que refuercen la sostenibilidad económica y ambiental del sector.
Queda ya muy poco para que finalice el proyecto. ¿Cómo valoras su desarrollo y los objetivos logrados?
La valoración que hago del desarrollo de GELFISH es muy positiva y enriquecedora, tanto a nivel científico como personal. Hemos conseguido avanzar de forma sólida y coherente desde la idea inicial hasta resultados tangibles, siempre manteniendo un enfoque realista y muy conectado con la realidad del sector pesquero artesanal.
A lo largo del proyecto hemos cumplido los principales objetivos que nos habíamos marcado. Por un lado, hemos demostrado que es técnicamente viable valorizar biomasa previamente descartada para obtener aceites de pescado de alta calidad y transformarlos en oleogeles estables, funcionales y con un claro potencial de aplicación en la industria alimentaria. Éste era uno de los grandes retos del proyecto y los resultados obtenidos a escala piloto confirman que la propuesta tiene recorrido más allá del ámbito experimental.
Por otro lado, hemos avanzado mucho en algo que para nosotros era fundamental: aterrizar el conocimiento científico en el contexto real de la pesca artesanal. El trabajo conjunto con la Cofradía de Pescadores de Portosín ha permitido ajustar el proyecto a la disponibilidad real de biomasa, a las limitaciones operativas y a las necesidades del sector. Esto ha sido clave para que los resultados no se queden en una demostración científica, sino que puedan servir como base para futuras iniciativas de valorización y emprendimiento.
También considero muy relevante el trabajo realizado en el análisis tecno-económico y ambiental, porque nos ha permitido evaluar con rigor la circularidad, la sostenibilidad y la viabilidad del proceso. Gracias a este análisis, hoy podemos decir con datos que la valorización propuesta no sólo tiene sentido desde el punto de vista ambiental, sino que puede generar valor económico y oportunidades de diversificación para el sector.
En resumen, llegamos al final del proyecto con la sensación de estar cumpliendo los principales objetivos y, sobre todo, de haber sentado bases sólidas para continuar. GELFISH no termina aquí y estamos ansiosos por empezar con su continuación: GELFISHPRO, que beberá y se fundamentará en el conocimiento de GELFISH, en sus herramientas y en la visión clara que nos ha mostrado de cómo la ciencia y el sector pesquero pueden trabajar juntos para avanzar hacia modelos más sostenibles, circulares y resilientes.

